VILJANDI: LA HISTORIA DE LA RESIDENCIA

Wolissss. Buen día. Nueva semana, nueva entrada y hoy quiero contarles la historia de cómo conseguí el permiso de residencia, emojis de brillitos.

Si bien yo ya estaba con una Visa de trabajo temporal (de máximo 9 meses con el mismo empleo), este permiso no me daba muchos beneficios como ciudadana. Para eso, necesitaba la residencia. Y para eso, otro trabajo.

Manos a la obra. Apliqué a varios puestos en varios países (mi crisis emocional llegó al punto en el que ya no me importaba quedarme o no en Estonia), esperando lo mejor. Lo difícil de esta situación es que a pesar de saber que uno está mega preparado para tal o cuál puesto, en la mayoría de los países directamente no consideran tu aplicación al ser no miembro de la EU, ya que las políticas de migración están más densas que nunca… Pero ese es otro tema. Sigamos (?!)

camino a Viljandi
Camino a Viljandi.
Camino a Viljandi
Camino a Viljandi.

Después de unas cuantas varias entrevistas y otros cuantos NO, me contrata (increíblemente) mi primera opción acá en Tallin: TransferWise. Salí literal a correr por la calle, jajaja. 

Me llamaron a finales de noviembre para comenzar en enero. Sí, ya estoy trabajando ahí, aleluya amén (!!!!). Pero antes, como toda mega empresa, empezamos el proceso de contratación.

Para poder comenzar a trabajar sin ningún problema, tenía que aplicar al fin a la residencia, y con esta oferta de trabajo, easy peasy. ¿ El único problema? La histeria de fin de año y literal, ningún turno en las oficinas de Tallin (uno tiene que reservar uno para poder aplicar) y la primera fecha disponible era a finales de febrero. Ayayayay. 

Peyito escondido en la ventana.

Entonces, ¿qué hacer? Busqué opciones fuera de la capital, otras ciudades y pueblos con menos volumen de gente queriendo vivir por ahí. Así que después de asesorarme con el team de migraciones de la empresa, me dijeron que vaya a Viljandi si no tenía problemas con viajar.

¿Problemas con viajar? Jamás. 

Bookeé mi cita, junté mis documentos, compré los pasajes de tren (a poco más de 7 euros cada uno) y fui hasta Viljandi, medio al medio, medio al sur del país. Una pequeña ciudad primordialmente estonia (acuérdense que acá también uno puede encontrar comunidades 100% rusas), con una población de 18.000 habitantes. Conocida por su musicalidad, ya que el festival folk se hace acá todos los años en verano y es común ver algún trovador por las calles del centro en cualquier temporada. Promocionada como “päris Eesti”, o la verdadera Estonia, Viljandi puede ser descrita en paraguayo como “chulina” (en el verdadero sentido, ninguna ironía por acá): pintoresca y petit, caminar por sus calles es descubrir de verdad la otra cara de un país rural del Báltico

Las chulinas calles de Viljandi.
Casas de madera, típicas de la región.

Siguiendo con la historia... Salí de Tallin a las 7am en probablemente lo que fue el día más frío del año, con todas las calles congeladas y la gente cayendo cual bolsa de papa, yo incluida. Llegué bien para la hora de la cita y caminé (como pude) hasta la estación de policía. Los Bolt (el Muv local) no están tan disponibles como en la capital, aparte como toda aventurera quise pasear y ver algo de este congelado lugar. Lo simpático es que todas las calles acá también estaban congeladas, haciendo muy difícil el poder caminar sin romperse un hueso. Busqué pastitos para cortar con el concreto asesino y sin querer queriendo me metí a un parque que terminó siendo un cementerio.

El cementerio.
La parte de atrás.

Me reí y pensé en la ironía de cruzar por ese lugar de casualidad en el día en que mi status de ciudadana iba a cambiar. El mismo en que mi vida en Estonia capaz recién empezaba. Después de la cita me prometí volver y pensar más en esto. Sigo.

La estación de policía: 30mins y 7 tropezones después. Está demás decir que al entrar todos me miraron y pensaron que estaba perdida… Saqué mi número y hola, buen día, vengo a aplicar para la residencia, todo en un inglés muy, muy, muy entendible. No. La señora no entendió y tuve que usar Translate. Después de hablar unos cuantos minutos con su compañera, me dice que el cupo de residencias del año estaba lleno y que tenía que aplicar recién en 2020, ya que podían rechazar mi solicitud sin reembolsarme los 96 euros que sale el chiste. Mi corazón pris pris por el piso, junto con un sentimiento de impotencia me invadieron mientras me paraba lentamente.

Dije gracias y salí con la cara más triste que habrán visto en el año. Afuera en el frío, le escribí a mi contacto en la empresa que gracias a los dioses nórdicos es súper eficiente y me respondió en menos de 5mins. “Las startups no están bajo el cupo anual. Por favor decíme que aplicaste igual”. No apliqué pero estaba a 10mins caminando en el hielo asesino (jajajaja). Volví, las señoras otra vez sorprendidas. Agarro mi Translate y pongo STARTUP JOB NOT UNDER YEARLY QUOTA. Y ellas responden con un AHHHHHHHHHH. Empezamos el proceso, me reí por dentro y por fuera. Todo el chiste tardó unas 3hs, entre el sacar las fotos digitales, completar todos los formularios extras, pagar, ver cómo hablaban en estonio entre ellas y mirar el techo. Se hizo. El carnet iba a llegar a finales de enero si todo salía bien (todavía espero mega ansiosa).

Lo que me quedó de tiempo, lo usé para caminar un poco más y recorrer algo del lugar. Volví al cementerio, con otro aire y me senté ahí un rato solo a agradecer… Y a sacarme unas cuantas fotos, faltaba más.

Como esta.
O esta.

Comí en Fellin, un restaurante todavía más chulina que la ciudad. Y el resto, es historia con muchos tropezones. Volveré a Viljandi con más tiempo y un mejor clima. Mientras tanto, fotos que pude sacar de lo que vi:

Fellin.
Mi sanguche vegano.
Casita.
🙂
El laguito congelado.

Si quieren saber de o ver otras ciudades de este exótico país, click aquí. Y nosotros, nos vemos la próxima.

2 Comentarios

  1. Responder
    Dani Rey

    BELLEZA! pase 10 dias de mi vida en Viljandi cuando hice mi backpacking por Estonia. A la prox busca la casa de Anu Raud, artista estonia. Creo una mini granja con mini museos hermosos y super bohemios que creó ella y tiene un B&B creo también. En su casa almuerzan lxs presidentes de Estonia cada año desde hace décadas. Viljandi tiene una natura divina y el cementerio que decis es donde van los estonios (incluyendo mis amigas y yo hace años) a ponerle velas y flores a sus muertos en Nochebuena. Mega tradición

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