NARVA: LA EXTRAÑA CIUDAD EN LA FRONTERA

En una calle de Narva

Narva, o la extraña ciudad en la frontera, es una localidad de Estonia que bordea Rusia, el país de los sentimientos encontrados para el Báltico (¿y el mundo?). Recalco su extrañeza a mis ojos de extranjera, porque es un lugar que no se considera estonio en absoluto. Acá se habla ruso, hay estatuas de Lenin y las banderas no son locales, y sí del país vecino; y hasta algunas, rojas con el martillo, la hoz y las estrellas doradas, símbolo de la disuelta Unión Soviética.

Me extiendo sólo un poco más con esto, para entrar en contexto. Según me contaron personas de la capital, Narva fue bombardeada y destruida por los soviéticos. Cuando Estonia se independiza, manda a todos sus “civiles rusos” a reconstruir la ciudad, obligándolos a quedarse allí después… Estas personas, no se sienten parte del país independiente, pero tampoco son aceptados como ciudadanos rusos.

Sus pasaportes son grises, y “sin ciudadanía” (cosa que les impide viajar al extranjero) y depende de cada individuo el optar por la nacionalidad estonia o rusa. Para naturalizarse en Estonia, hay un montón de requisitos que son bastante complicados (para no decir imposibles); como hablar el idioma (el quinto más difícil del mundo), tener arraigo social y cultural, pasar un examen sobre las leyes y la Constitución y otras cosas más que para una persona que se crió de forma rusa toda su vida, es muy difícil. Pasa lo mismo pasa con Rusia… Piden residencia de x años, arraigo, blablabla, que claro nadie tiene por haber estado en Estonia desde el vamos. En fin, estas personas no sólo la tienen negra, pero también literalmente gris.

LA VISITA

Cierro este capítulo y voy a mi historia intentando ser lo más sincera posible. Este viaje comenzó como un reencuentro, y terminó siendo una terapia. No vi mucho de la ciudad en sí, porque me hospedé cerca de la playa, entonces disfruté más de ese rinconcito que me tocó. Tengo que volver en definitiva y hacer el challenge de encontrar todos los monumentos a Lenin (¿?).

Mis pies en la arena de Narva
Chinchilla en Narva.

Para ir a Narva tomé un bus (ahora me entero que hay tren, jeje). El recorrido es de aproximadamente 3:30hs, 4hs si se para en millón pueblo. El precio oscila entre los 7 o 14€ por cada tramo.

LA EXCUSA

Fui hasta allá a encontrarme con un amigo que conocí acá en Tallin. Jackson, un americano loco (in the best of ways) que vive en San Petersburgo. Sí, yo tampoco entiendo. Tenía tres días libres del trabajo, ganas de perderme y compartir, (pero sin gastar tanta plata) y eso fue lo que surgió.

Alquilamos un airbnb re churro, por poco más de 20€ la noche. Lo que no pillamos, fue que estaba bastante alejado de la ciudad, ahí a una cuadra de la playa al norte, entre la Bahía de Narva (que después se vuelve el Golfo de Finlandia y después el Mar Báltico) y el Río Narva. Ahí en la esquinita donde ambos se juntan: en Narva Jõesuu, o en español, en la boca del río Narva, un pueblo a más o menos 25mins en bus desde el centro de la ciudad. La pifiamos, pero no.

Casa del airbnb
La casa del AirBnB.
El patio del AirBnB
El patio trasero del AirBnB.
El patio del AirBnB
La salida a la calle del AirBnB.

EL RECORRIDO

Ya estábamos en el baile. Eaywenooooo. Llegué de noche, casi a las 22hs y pensé que me equivoqué eligiendo el lugar, pero al salir y recorrer al día siguiente me di cuenta que no.

Bosque antes de llegar a la playa de Narva-Joesuu
El famoso bosquecito.
Playa en Narva-Joesuu
La playa en Narva-Jõesuu.
Café en el medio de la nada
Café Albatross en Narva-Jõesuu. Recomendado y perdido.

Estábamos a una cuadra de la playa, y para llegar a la costa, teníamos que pasar por un bosquecito (esto es clásico de las playas acá, siempre hay uno). Era la mitad del otoño, y qué cosa linda las hojas cayéndose. Caminamos por la playa, hasta encontrar un café muy cute, con un gato gordo de nombre re classic que no me acuerdo. ¿Era Timoteo? Puede ser. Pasamos el día ahí, cada uno en sus asuntos cibernéticos y después de nuevo a la playa. Hay algo muy hermoso en caminar en las playas en invierno.

Gato de Narva.
El gato de nombre ruso.
Ventana del Albatross Café
Vista desde la ventana.
Playa de Narva-Joesuu
Más playa.
Calles de Narva-Joesuu
Las calles del pueblo en otoño. Un sueño.
Calles de Narva-Joesuu
Por. Favor. Te. Lo. Pido.

Al día siguiente, lo mismo, pero más hacia el pueblo en busca de otro café. Sin éxito en ese departamento, pero sí al caminar por las calles llenas de hojas, las casas hermosas de madera y el aire de localidad pequeña en general. Un placer. Lo siguiente: bus pal centro y a ver The Joker (era su semana de estreno).

Casas del pueblo Narva-Joesuu
Las casas de Narva-Jõesuu.
Casa de Narva-Joesuu
Quiero envejecer en algún lugar así.
Casas de Narva-Joesuu
Última pal recueldo.

Y al día siguiente, volver a “casa”.

LA CRISIS/LA TERAPIA

Mencioné esto al comienzo. Estaba de un humor muy horrible al hacer este viaje y me parece importante también compartir que no todo es color de rosa por acá.

No sabía lo que quería, o capaz sí, pero no sabía cómo hacer que pase… No sabía si iba a quedarme más, no sabía qué estaba haciendo y el peso de mis decisiones me cayó como un balde de agua fría en 1ºC, literal. Lo bueno, lo genial, lo que rescato por siempre fue que busqué ayuda (acá del otro lado del mundo) y realmente me hizo bien compartir mis miedos y angustias con alguien. Pobre Jackson que se bancó mi llanto y mi amargura, jajajaja. Haremos un mejor viaje, me comprometo públicamente.

Para el final del paseo, me sentí más ligera. Perdidísma todavía, pero en calma. Hoy, dos meses después, puedo hablar mejor de esto y decir HDP qué valé cómo solucioné todo. Y que no pasó de la noche a la mañana; tuve que ponerme más pilas que el conejo de Duracell (no es #ad). Y en eso estamos. Y así seguimos.

Les cuento más de esto otro día.

Si quieren saber más sobre Estonia en general porque no entienden de qúé hablo, pueden fijarse en esta entrada por acá. Gracias por su atención.

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