SAN PETERSBURGO: 4 RAZONES PARA AMAR Y ODIAR LA CIUDAD

Admito que mi título es re clickbait. Aunque tiene mucho de verdad. Fui a San Petersburgo, Rusia, a finales de agosto, con la excusa de ir a ver en vivo a mi kween Billie Eilish (sí, tengo 14).

Billie Mothereffing Eilish.

Al principio, quise arrastrar a varios amigos, pero resulta que los europeos en general necesitan VISA para turistear libremente por el reino de Putin, y encima que ya les da tremenda paja gestionar papeles (imagínense que ni están acostumbrados a tener que mostrar su pasaporte), sale 80 euros… así que Chinchilla, a explorar por cuenta propia.

Mi nombre en ruso, jeje.

Rusia da miedo. No nos engañemos. Escuchamos muchísimas historias de terror (en parte por culpa de los americanos, y en parte por culpa de su mismo gobierno) que una vez que estás ahí o que sabés que vas a ir, te invade una especie de ansiedad… Pero como ya recorrí muchos países, considero que soy casi casi adicta a los shocks culturales.

El famoso Hermitage.
La calle y uno de sus cientos de canales.

Así que sin más preámbulo, las 5 razones para amar y odiar San Petersburgo:

1 – NADIE HABLA INGLÉS

Nadie. No one. No nada comprende.

En parte esto se traduce a estar muy mal acostumbrada a la globalización anglosajona (?!), pero desde el interior de Hungría que no me pasaba algo así. La reacción inicial de la gente es obviamente encararte en un ruso aceleradísimo y cuando ven tu cara de omaigá diciendo muy tímidamente “I don’t speak Russian”; todo en ellos cambia (postura, lenguaje corporal) menos el idioma. Siguen hablando en ruso como si nada, pero ahora se ven molestos.

Lo curioso es que realmente ni los jóvenes se subieron al tren del inglés. Hablé con varios y todos presentaron muchos problemas para expresarse, hasta el dueño del hostel en el que me quedé. De igual manera, les agradezco de corazón haber intentado ayudar a esta paraguaya ndoimbái.

Para amar: La aventura de poder comunicarse. Te cagás de risa intentando preguntar cómo se paga el metro.

Para odiar: La frustración y la actitud de cierta gente, en especial, los omvres.

Oh hi. Acá sola sin amigues.
Pero siempre tendremos arte. Esta galería se llama Erarta.
El clásico shot de vodka con pepinillos como instalación artística donde uno podía disfrutar de este duo ruso 🙂

2 – EL TRÁFICO

San Petersburgo tiene más de 5 millones de habitantes, casi como TODO Paraguay y es 405.000 veces más chica (pero 10 veces más grande que Asunción). Intentemos pensar ahora en el tráfico; autos, camionetas, buses grandes, buses chicos (de hecho tienen unas minivans que también son líneas de bus), tranvías, metrobuses, metros, ferries, barcos, lanchas, jetskies, qué lo que no hay.

Al salir de la estación, en una zona algo apartada de la “urbanización”, tuve que cruzar una avenida gigante y esperé literal 7 minutos. Este ciclo se repitió en casi todas las esquinas de la ciudad. Ayayayayyyy.

El primer día caminé más de 20 kilómetros, porque las distancias entre lugar y lugar son enormes, y en varias ocasiones estuve a punto de ser arrollada por distintos medios de transporte (del subte ya me quise tirar yo al final del día después de tanto caminar). Los días posteriores, me avivé y usé todo a mi disposición, solo que… fue igual que caminar porque dan más vueltas que el 23 desde Lambaré al Botánico.

Para amar: El estado contemplativo de caminar o estar sentada en un metro, o bus para siempre. Personalmente, me encanta estudiar comportamientos, ver cómo “funciona” la sociedad en estos espacios… Ah re, stalker.

Para odiar: Perder tiempo, tanto esperando para cruzar o yendo hasta la esquina más próxima para poder cruzar (esto me pasó no una pero MIL veces, donde el lugar que estaba buscando estaba en la otra vereda y tenía que ir 1km más para poder cruzar). Also, ampollas. Also, pagar transporte público… Aunque comparando con demás lugares de Europa, es bastante accesible, 40 rublos por cualquier ticket (70 centavos de euro).

Acá esperando para cruzar. Parte 1.
Acá esperando para cruzar. Parte 2.
Acá esperando para cruzar. Parte 3.

3 – LA “SEGURIDAD”

Ufff, don’t get me started. La ciudad está diseñada para que vivas aterrado. Hay detectores de metal en absolutamente TODAS las estaciones de metro, sin mencionar que estas están a no sé cuantos miles de metros bajo tierra (algunas hasta pasan bajo agua).

Billie se presentó en un ice ring (estadio de hockey sobre hielo), y ahí mamá, por poco no me hicieron un estudio rectal (qué guasa, perdón mami si estás leyendo). Dato curioso: compré mi entrada de Viagogo y estuve a dos segundos de ser expulsada del estadio porque resultó ser falsa. Obviamente no supe nada hasta estar ahí y ser avallasada por una señora rusa con linterna. Resumiendo, pude quedarme “por llegar antes” que la gente que compró legalmente su entrada. Casi casi me volví cristiana después de esto. Pero mejor no.

Ok, sigamos con la seguridad. En la estación de bus, pasaban constantemente una grabación que, sorpresa, estaba en ruso e inglés. Literal, el único inglés que escuché en los pocos días que estuve ahí. Una dulce voz femenina advertía sobre los peligros de los objetos olvidados, y las posibles consecuencias de toparse con esta situación. Pedían amablemente no involucrarse, pero al mismo tiempo cuestionaban tu ética por no hacer algo al respecto (informar a la policía como mínimo). Era un mensaje muy extraño, que se sentía que cuestionaba toda tu existencia. Esto se repitió en varios otros lugares públicos.

Para amar: El sentimiento (falso) de seguridad. Te autoras palmaditas en la espalda y seguís el recorrido.

Para odiar: Sentirse inseguro por culpa de sus métodos… Tanto detector, tanto mensaje y al final igual te jodieron con una entrada.

No sé por qué pero esta obra del Erarta puede zafar para ilustrar el (falso) sentido de seguridad. El arte es subjetivo man.

4 – LA GENTE

La gente es muuuuuy cool en San Petersburgo, al pedo luego. Todos esos follows de Instagram valen la pena, porque uno puede sentir la vibra de todos al caminar por sus calles. Una especie de no fucks given, aún considerando sus circunstancias políticas. Hablando con un amigo que vive ahí, me dijo algo que considero muy cierto: “Rusia está concentrándose en hacer su país lo más cool posible no para atraer gente de afuera (como el caso de los países bálticos), sino para que su propia gente no escape”.

Ya mencioné que me encanta observar todo, y mi principal diversión es intentar pillar cómo se visten y el por qué detrás. Puedo decir varias cosas de los pertersburgueses:

  • Los pantalones de cadera se extinginguieron en esta ciudad. No miento, ninguna mujer de entre 12 y 40 años tenía un pantalón/short/falda de cadera. Impaktada.
  • El pelo fantasía es el pan de cada día. Todos los colores del arcoíris con todas las combinaciones posibles. Largo, corto, tinte en las puntas, solo en las raíces, cabeza de dos colores, simétrico, asimétrico, mechas, rastas… You name it.
  • A pesar de tener un mismo vibe, todos tienen estilos muy individuales y podés apreciar los clásicos de moda y otras corrientes completamente ajenas a éstas.

Para amar: Te enamorás en cada esquina y/o querés que todos sean tus amigos.

Para odiar: Te enamorás en cada esquina… y después te acordás dónde estás. Also, aunque sepas que tenés un estilo purechi y tengas confianza en ti misma, te sentís medio fuera de lugar entre tantas rusas cool.

La horda de teens saliendo del subte para ir a ver a Billie.
En la mejor compañía.
Un día normal en Rusia (busquen esto en Reddit).

BONUS TRACK

Esos techos que uno espera encontrar.
El mejor saber de Lays del mundo. I stan. Vengan de a uno.
Un paisaje casi casi salido de Japón.
Un parque para todos… hasta los que no hablamos ruso.
Mi casa de hobbit.
Los artistas ambulantes de siempre.
Los Vans que re mancaron no sé cuántos K.

Me puse intensa pero ya me calmo. Espero esta guía pueda servir o inspirar una próxima visita a San Petersburgo, Rusia, o el destino que quieran. Nosotres, nos volvemos a encontrar en una próxima entrada, en un próximo destino. Escriban en los comentarios qué les gustaría leer!! 👩🏽‍💻

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