DÍA DE VERANO EN TALLIN

Buenaaaas! Feliz viernes todos. Como saben, estoy en Tallin, Estonia. La idea es poder quedarme acá pero todavía no me quiero adelantar contando esos detalles. De lo que sí quiero hablar es de mis andanzas por estos lugares.

Para quienes dicen o piensan que el sol nunca sale tan al norte, les tengo una noticia: SÍ SALE! En verano, la ciudad se transforma y todo el mundo aprovecha para hacer literal, cualquier cosa bajo el solcito.
Casa en un barrio residencial.
Casa en un barrio residencial.
El tema entre las horas de luz y oscuridad en esta parte del hemisferio es de lo más peculiar. Ahora mismo, al estar en verano, hay más de 18hs de luz de sol al día y las noches, realmente no son muy oscuras (incluso las últimas de este mes hasta podrían ser noches blancas). Esto se debe a la posición de la tierra con el sol… Entonces, oscurece alrededor de las 23 y para antes de las 4 sha está todo claro. En invierno, todo lo contrario. A veces amanece a las 10 y oscurece antes de las 15, y los «días» son en realidad oscuros, ayayayayyyyy. Tengo miedo de vos Tallin.
Maragaritas salvajes en el Parque Kadriorg.
Margaritas salvajes en el Parque Kadriorg
En fin. Fui hasta el Parque Kadriorg, una zona verde de 70 hectáreas dentro de la ciudad. Mi objetivo? Llegar al Museo de Arte Estonio: KUMU (para ver unas exhibiciones de las que después les voy a comentar en sus merecidos posts aparte).

Este parque además alberga otros dos museos; el Museo Kadriorg de Arte y el Museo Mikkeli, junto con esculturas de renombrados artistas entre sus distintos espacios. También, el Palacio Presidencial, un jardín japonés, un jardín de rosas y seguro que hasta la olla al final del arcoíris.

Andrea en el parque de rosas.
Ay, hola.
Otra Andrea en el parque de rosas.
Ahora del otro lado.
Haciéndola corta, terminé no pudiendo entrar a ningún museo porque era feriado nacional. He aquí la importancia de googlear cada paso que dan. El plus: la próxima película de Christopher Nolan (Tenet) se está filmando en Tallin y habían miles de camiones en la zona. Quise sacar fotos y un guardia amablemente me hizo no con la cabeza, jeje.
Tercera Andrea en el parque de rosas.
Parte del jardín de rosas que huele mejor que tu abuelita.
Cuarta Andrea en el parque de rosas.
Obs. Si se ve vacío es porque odio que haya gente en mis fotos.
Bueno, bueno, después de tanto parque y soledad, me dispuse a encontrar el mejor lugar para merendar en la ciudad. Y lo logré.

Pièrre Chocolaterie, en el Old Town, es uno de los lugares más mágicos al que fui. Caminando por los pasillos medievales de la ciudad vieja, uno tiene que entrar a otro muy, muy finito donde cree que llega al centro de la tierra o algo así pero descubre la cafetería. Música clásica en vivo, un patio enorme con mesas y sillones, una deco impresionante y una carta, que ni les explico.

Pierre Chocolaterie.
El patio de Pièrre Chocolaterie.
Nunca antes tan orgullosa de mis decisiones. Pedí un chocolate azteca: un elixir de cacao puro, leche de almendras, miel caramelizada y sal rosa por 5 euros.
El espacio para sentarse en la cafetería.
El espacio que elegí para sentarme.
Mi vista desde el sillón.
Y la vista desde mi pituquísimo sillón. Ahí se ve el chocolate.
Andrea desde la cafetería.
Y acá la eu bien misteriosa.
Lugares más que recomendados. La próxima hablamos del museo. Chau! O como se dice en estonio: hüvasti.
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