#ENCENDÉLOQUESOS EN ZADAR

Tercera entrega en conjunto con Encendé Lo Que Sos y esta vuelta puedo confirmar que “me fui todito”. Les hago un resumen del por qué. 

Por circunstancias ajenas a este post, decidí perder mi bus en Zagreb para quedarme allí una noche más y así salir a las 7am del día siguiente. Con otros 10 euros, pagué el siguiente ticket (que después pillé que podía haber cambiado nomás, pero bueh) y me dirigí hacia Zadar, una ciudad medio pueblo en la costa del Adriático a más o menos 285kms de la capital. 

Zona residencial de Zadar.

Llegué a las 10am a un hostel muy coqueto (tengo un problema con esta palabra, ando usando de forma indiscriminada), me bañé como buena sudaka y salí a aventurarme por la ciudad. Venía de unos días muy movidos en Zagreb, mucha fiesta, mucha gente, etc, etc y decidí mimarme desacelerando un poco lo social del trip. Caminar con mis ideas y cumplir todos mis caprichos. Ese era el objetivo principal. 

Fui directo a la estación de bus porque tenía que averiguar cómo rayos ir hasta un puente para hacer nada más y nada menos que bungee jumping. Sí, eso que te tirás al abismo con la cuerda. El puente, Maslenica Bridge, está a unos 40mins de Zadar y básicamente te vas en un micro de línea con los horarios más complicados del mundo. Mi cita era a las 4 y el bus salía a la 1. Ok, tiempo de sobra. Con eso resuelto decidí caminar hacia el centro, pasando por el puerto (recomendación de un amigo de Zagreb) en vez de ir directo por la ciudad. 

Llegando al puerto.
Vista desde el puerto.

Una vez allí, todo es muy pequeño y recorrer es cosa de máximo una hora. Compré mis magnets, aprecié el arte local, cambié más kunas porque estaba pobre y decidí almorzar oliendo el mar. ¿Por qué? Porque podíaaaaa. Me alejé un poco del centro y comencé a caminar por una especie de costanera buscando restaurantes pintones. Ya expliqué que este día era para mimarme… Así que me senté en el más chuchi de todos. Pedí una piña colada y una -feroz- pizza de hongos, menú ideal para saltar unos 56mts al vacío. El mozo me vio cara de amiga del alcohol y me ofreció un poco de raika, un brebaje croata hecho a base de frutas y noséquémás. 

Parte del Oldtown.

Salí medio bailando, medio tropezando y me preocupó no llegar a tiempo al bus. Apuré la marcha y yeré en el camino. Llegué a la estación, subí al bus, le rogué al chofer que me avise dónde bajar y en su broken english me hizo más señas… Esperé, me relajé y dejé que el vientito de la campaña croata me suavicen el nudo en la panza. 

“¡MASLENICA!” (Que se pronuncia Maslenitza) gritó el chofer. Me paré con el bus lleno de gente mirando a la loca que se bajaba en pleno puente. Me reí pensando en eso. Bajé y WOOOOOOOOOW, risa histérica con un miedo mortal al ver de dónde tenía que tirarme. Tuve una hora para hacerme la idea, y bajé hasta la costa, sintiéndome imponente. 

Puente desde el puente.
Maslenica Bridge.
Área de bungee jumping.

Al subir, vi que los chicos del bungee ya habían llegado y con ellos, una pareja de ingleses también listos para saltar. Nos hicimos amigos dentro del nerviosismo. Prometí filmarles el salto y ellos prometieron filmar el mío, fue lindo. El instructor explicó lo básico del salto (el más alto del país) y dio la preparación emocional a los asistentes (tres locos extranjeros). Va David, el valiente primero, con un salto 9/10. Le sigue Chloe, con un 5/10 (fue en serio muy malo) y última, la chinchilla, con un espectacular 10. JAJAJAJA, bueno, no entonces, pero me encantó mi salto. 

Vista al caer.
Vista al subir.

Sentí que morí 1 segundo al caer. Y la caída es definitivamente la mejor parte. El rebotar desesperó, porque claro, ningún cuerpo está acostumbrado a rebotar en el aire. Un barquito esperaba pacientemente a que mi cuerpo dejase de mecerse por cualquier parte. Paré. Me agarró y bam, te sentís no en tierra firme al 100% pero feliz de estar “sobre” algo. Ay, qué linda es la gravedad. 

Terminó la experiencia con más adrenalina que nunca. Subí la rampa de los 56mts corriendo en 3mins, todo un récord personal. Terminé volviendo a la ciudad con el crew del bungee, ya que ellos estaban en una flor de camioneta y nadie en realidad sabía bien a qué hora pasaba el siguiente bus.

El puente desde abajo.

Ya en la ciudad y con la misma resolución de mimarme al máximo, volví a la costa a ver el Sea Organ, literalmente un órgano orgánico (?!) que funciona con las olas. Hay unos tubos que están entre unas escaleras de mármol y el agua de la marea hace que bueno, esos tubos reproduzcan música. Es toda una experiencia. El sonido es medio magic panflutesco. Me senté ahí hasta que el sol se puso por completo. Hermoso.

Ya de noche, paré en un café en el centro y pedí un té con ron, clásico croata. El sunset y el ron hicieron que mi cuerpo (y mi cabeza) se relajen y se preparen para la siguiente jornada en Split.

Fin (?)

2 Comments

    1. Reply
      chinchillaudaz Post author

      Hola Adri! Graciaaaaaaas! Sí, solita, solita y la verdad que me fue genial! Repetiría el viaje mil veces. Al principio el estar sola te genera ansiedad, pero realmente disfrutás el triple de todo. Hacés lo que querés en el ritmo que querés y si querés estar sola, estás y si querés estar acompañada, también. Conocí un montón de gente increíble ❤️❤️❤️

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