#ENCENDÉLOQUESOS EN PARÍS

Así como leen. Tuve la oportunidad de visitar París hace unas semanas por cuestiones de trabajo y decidí documentar junto a Encendé Lo Que Sos, algo del viaje, intentando (verbo adecuado) transmitir algo (pronombre adecuado) de la esencia de lo que uno vive en esta ciudad de luces. 

La idea en un principio es recorrer sin rumbo, dejándome llevar por las situaciones o incluso, generándolas yo misma. Fueron 5 días en la capital francesa, idas y venidas, lugares y gente cruzándose en el camino por igual. 

Acá va la versión resumida:

Y por acá comparto otras cosas en detalle. 

El metro de París es probablemente lo único que uno hace (utiliza) por necesidad y disfruta como cualquier otra atracción turística. Es ahí, bajo tierra, que uno puede apreciar a todos los parisinos corriendo (por lo general, impecables) en la rutina de sus vidas primermundistas.

Acá casual en el metro.
Más de la pared de Serge Gainsburg, en Saint Germain des Prés.

Saint Germain des Prés es actualmente el barrio más hip (y cheto) de toda la capital. Caminando por sus angostas calles, uno se tropieza casi con las miles de galerías de arte, casas de antigüedades y tiendas especializadas de cualquier cosa que te imagines. El vecindario alberga casas como las del músico Serge Gainsbourg y el diseñador Karl Lagerfeld, además de personajes como los de esta pulsera.

No sé por qué pero esto me da ganas de bailar funky.

Ya en otro arrondissement, específicamente en Montmartre, uno encuentra al París más romántico, ese que nos muestran las películas, con todo lo cliché y hermoso que existe. Retratistas, músicos, muchísima comida y todo el charme de sus callecitas.

La verdadera cara del supuesto David Lynch.
Otra genial actuación de La Cuchara.

París es una de esas ciudades que te roban suspiros todo el tiempo, unos bien conscientes y otros que ni notás. Todo es una foto, todo es una pintura. La hojita de otoño con los piecitos ahí abajo es casi una obra de arte (bueno, no, pero se entiende). 

Otoño en París.
Auditorio en la Louis Vuitton Foundation.

Visité París más veces de las que recuerdo. Sé que suena algo engreído pero viví en Estrasburgo (una ciudad también en el norte de Francia) por casi un año y allí pude ir y venir, ir y venir más de lo que retuvo mi cabeza. Visité museos, galerías, clubes, antros, etc, etc, etc y una de las cosas que tenía súper pendiente era la Louis Vuitton Foundation… Así que fui. Llegué al lugar, y si bien no había ninguna exposición, poder entrar y presenciar semejante obra arquitectónica es un win win. 

Señor viendo cómodamente el video de la construcción del edificio.
Obra en proceso. Sí, es un Nike con tréboles creciendo.
Vista de París desde la terraza.

Eso es todo. Por ahora. No sé cómo concluir el post sin caer en frases trilladas y romanticonas que invaden mi cabeza por el cariño particular que siento hacia París. Pero es eso justamente, ciudades con personalidades que calan profundo en uno, que te hacen querer formar parte, o simplemente querer estar ahí. Eso (y más) es la capital francesa para mí. Si tienen la oportunidad, es un destino obligado y uno no necesita más que caminar sin rumbo para encontrar todo (especialmente crêpes de la calle). 

Y no puedo dejar de despedirme sin anunciar el próximo destino: Zagreb. ¡¿ZAKEEEEE?! Zagreb, la capital de Croacia. Se acaba oficialmente el glamour parisino y nos volvemos algo así como mochileros australianos. Acá la prueba.

La maleta se queda para siempre en el hostel. Y la mochila y yo nos convertimos en una.

Ignoren por favor el basurero y las bolsas ahí. Aunque convengamos que eso le da todavía una onda más badass a todo. Bien bien, gracias por leer y nos vemos la próxima con unas historias (bastante) más exóticas. ¡Au revoir!

 

Las actuaciones estelares, toda la música y esta entrada son presentadas por

Leave Your Comment