BRUSELAS EN UN DÍA #66NOMADS

Culminó nuestro recorrido por Londres y era hora de la siguiente aventura: Bruselas

Decidimos tomar el Eurostar por el Eurotunnel para seguir en Euroeuropa (malísimo, perdón). Si alguien me pregunta, la mejor manera de recorrer este – pequeño y genial – continente es en tren, por rapidez y comodidad. Es lo más caro, eso sí, pero te ahorras otro tren para ir al aeropuerto, las horas previas al vuelo, pagar equipaje extra (típico de las aerolíneas lowcost) y el segundo tren para salir del segundo aeropuerto. Todo un circo que prefiero evitar. En auto o bus también funciona, pero lo recomiendo únicamente para distancias más cortas.

Salíamos a las 8 a.m. y por cosas de la vida que ya no sé si mencionar (nos quedamos dormidas), perdimos el tren. Corrimos y medio lloramos dentro el Uber, llegamos y claro, subimos al siguiente después de pagar una “modesta” penalidad. Dos horas después, Rut y yo estábamos por primera vez en Bélgica.

Desde la Gare Bruxelles Midi. Foto: Rut. Edición: La eu.
Partners in crime. Foto: Rut. Edición: La eu.

Teníamos una sola tarde ya que de noche íbamos a Amberes, donde nos esperaba un host de Couchsurfing. Maletas, mochilas, cuelleras y demás artefactos viajeros directo al locker de la estación. Salimos a recorrer y ver, literalmente, con qué nos sorprendía la ciudad. 

Caminamos rumbo al centro, dereeeeeeecho según la dirección de los policías.

Camino al centro de Bruselas desde la estación. Foto: Rut. Edición: La eu.

Nos cruzamos con todo tipo de personas… La mayoría, jóvenes de aspecto muy cool. No exagero. En los últimos años, la capital belga se convirtió en albergue de estudiantes de todas las nacionalidades, creando así una población “de nicho” con muchísimas actividades culturales y de entretenimiento. Resumiendo, si tenés menos de 30 y querés farrear por Europa, Bruselas tiene que aparecer en tu itinerario.

El primer lugar mágico con el que nos topamos fue, y ni siquiera nos sorprendió, una tienda de ropa vintage. Imposible no entrar.

La tienda y su mágica aparición en nuestro camino. Foto: Rut. Edición: La eu.
Con mis nuevos mejores amigos. Foto: Rut. Edición: La eu.

Con mucho autocontrol y determinación, salimos sin comprar nada. Tiré muchísimos besos al aire, en especial a esas blusas de paillette colgadas por toda la tienda y salimos sin mirar atrás. Au revoir Shoshannaaaaa! 

Seguimos caminando, seguimos viendo cosas lindas. Conforme íbamos adentrándonos más y más al corazón de la ciudad, encontrábamos bares y bares y bares en cada cuadra, en cada esquina. Me encantaría decirles que exagero, pero no. Eran algo así como las 3 de la tarde y la mitad más uno de los pobladores de la plácida Bruselas estaban tomando en las veredas. Hermoso.

Multipliquen esto por 456. 

Es lindo ir kamikaze por los viajes, dejándote sorprender por cualquier cosa. Así continuamos hasta llegar a otra tienda de lo más particular. Una especie de anticuario, lugar de artesanías, rarezas, etc, etc; en un callejón peatonal. Su aspecto me llevó hasta aquel capítulo de Rick & Morty donde el diablo tiene una tienda y vende objetos malditos, pero esa es otra historia. 

Esta.
Ya adentro sin darme cuenta. Foto: Rut. Edición: La eu.

Acá sí compré algo. Una hebilla/broche con lápices de colores reales hecha a mano. Por la maravillosa suma de 6 euros.

Continuamos el recorrido y ya sentíamos cómo el centro se apoderaba de la arquitectura y las formas de la calle, estábamos a punto de llegar a La Grand-Place.

Una de las callejuelas antes de salir a La Grand-Place.

Pero antes… ¡Otra parada! C h o c o l a t e r í a. Habremos entrado a al menos 5, porque están una al lado de otra, interminablemente. Si escuchaste hablar de Bélgica, escuchaste hablar de: wafle, cerveza, papa frita y chocolate. Enfocándonos en lo último, la ciudad fabrica algo así como 220.000 toneladas al año, y lo más particular del caso es que todos sus chocolates son elaborados con cacao puro, 100%. No por nada el chocolate belga es marca registrada.

Ñames ñamanes. Foto: Rut. Edición: La eu.

Y ahora, con ustedes, el centro de la ciudad:

Vista de La Grand-Place. Foto: Rut. Edición: La eu.
El arte de Rut. Foto: Rut. Edición: La eu.
La familia de India que conocimos comiendo wafles y nos deseó un bendecido viaje.

Dentro de este amplio espacio, hay de todo. Bares, restaurantes, museos y muchísima, pero muchísima gente, en especial turistas sacando fotos. Nosotras no fuimos la excepción. Comimos un obligado wafle sentadas a los pies del cordón, mirando como todo pasaba frente a nuestras narices. 

Habitantes de La Grand-Place.

En medio del lugar, una feria de antigüedades ocurría, claro que sí. Ropas, lentes de sol, carteras, sombreros, vinilos, libros y hasta verduras se ofrecían dentro de ese espacio en la plaza. La feria se hace todos los días en verano, y ocurre en varios puntos de la ciudad, siendo ésta la más importante.

Parte de la feria.

Luego de un descanso y mucha observación, partimos rumbo al Monts des Arts, el lugar con la mejor vista de la ciudad. 

Rut y su pelada en Place de l’Albertine.
Andrea y su pose re pelada en Place de l’Albertine. Foto: Rut. Edición: La eu.

Después de algunas otras miles de fotos, caminamos unos metros más hasta llegar al parque que se extiende en todo el Monts des Arts. La foto de arriiiiiiiiba es la vista panorámica del jardín y sus fuentes. Fíjense.

La entrada al jardín del Mont des Arts. Foto: Rut. Edición: La eu.

Decir que el lugar era bellísimo es casi redundante. Pero lo realmente lindo del caso, fue la gente disfrutando del solcito en pareja, entre amigos y hasta solos. El espacio invita a relajarse, bajar unos 10 cambios y solamente dejar que pase el día, y todavía mucho mejor si es de tardecita-noche, en horario de sunset. 

Fuentes.
Muy casual trepada a la estructura al costado del Mont des Arts. Foto: Rut. Edición: La eu.

Transcurrieron unas horas desde nuestra ida al mirador y si bien el sol seguía acompañándonos (en verano oscurece alrededor de las 22hs), comenzamos el descenso al centro con una última misión en Bruselas: comer papas fritas hasta el hartazgo en el lugar más legendario de todos – Fritland. Y sí, ese nombre dice todo. Un cono de 3,50 euros con muchísima mayonesa à la Pulp Fiction y nunca más fuimos las mismas. Eran las 22:30hs y con nuestro tren saliendo en breve, nos arrastramos como pudimos, llenas de wafles, cerveza, papas fritas y chocolate… Full belgian experience. 

 

A continuación, una guía medio base de costos para llegar:

Uber a la estación: 25 libras – 27 euros (opcional subte pero qué desastre con valijas)

Ticket de tren Londres-Bélgica: 70 libras – 75.50 euros (comprados online 1 mes antes)

Multa de tren perdido: 30 libras – 35.50 (completamente evitable)

Lockers en la estación: 10 euros (necesario, entran una valija grande y una mochila)

Almuerzo: 20 euros (re chuchi)

Chocolate: 20 euros (una barra artesanal sale mínimo 10)

Cerveza: 3.50 por el cupón de 330cc (precio standard, vayan multiplicando ustedes)

Wafle: 5 euros (con Nutella bbdlc y frutillas)

Papas Fritas: 3.50 euros (y es suficiente, les juro)

Chucherías: 35 euros (broche, imanes, un sombrero, ere erea)

 

El viaje y la caminata y las fotos y el post fueron presentados por

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